Ampollas por fricción en deportistas

Ampollas por fricción en deportistas

Correode los lectores Ampollas por fricción en deportistas Sr. Director: Las dermatosis derivadas de la fricción o traumatismos repetidos sobre la pie...

137KB Sizes 1 Downloads 105 Views

Correode los lectores Ampollas por fricción en deportistas Sr. Director: Las dermatosis derivadas de la fricción o traumatismos repetidos sobre la piel son muy frecuentes en los deportistas, corredores de maratón y operaciones militares. La fricción aguda y repetida sobre la piel da lugar a ampollas intradérmicas, especialmente comunes en los pies, ya que su aparición está favorecida por la sudoración y la maceración1. El siguiente caso clínico trata de una paciente de 24 años, que acude a nuestra consulta por presentar una verruga plantar en la región subungueal. En la exploración objetivamos la presencia de una lesión ampollosa en la cara interna del antepié derecho. La historia clínica revela que se trata de una deportista de taekwondo de alta competición. Se diagnostica de papiloma plantar, que es tratado con crioterapia, y de ampolla por fricción. Una ampolla es una cavidad superficial circunscrita sobreelevada de la piel, mayor de 5 mm ocupada por líquido. A menudo sus paredes son tan delgadas que resultan transparente y es posible ver el suero o la sangre que hay en su interior. Las ampollas por fricción, como su propio nombre indica, son la consecuencia de fricciones repetidas de un objeto en contacto en un área determinada de la piel. Es más frecuente en las regiones donde la piel es más fina. Se produce una separación del estrato espinoso justo por debajo de la capa granular2. La probabilidad de aparición está relacionada con la magnitud de la fuerza de fricción y el número de veces que se produce el roce2,3. Si atendemos a las manifestaciones clínicas, lo primero que aparece es una fina exfoliación en el área afectada, seguido de un eritema en esa zona. El paciente siente quemazón, y va apareciendo una zona pálida alrededor de la zona eritematosa que evolucionará a una ampolla4. Hay que hacer diagnóstico diferencial con diferentes afecciones como son: amiloidosis sistémica primaria, amiloidosis bullosa5, bullosis diabética, picaduras de insectos, pénfigo foliáceo y melanoma bulloso maligno. Sobre este último, es importante comentar que, en contadas ocasiones, el melanoma maligno, particularmente el de localización acra, se puede complicar con una ampolla hemorrágica. Por las graves consecuencias de esta enfermedad hay que ser consciente de este diagnóstico6. Hay múltiples estudios sobre la prevención de las ampollas, que indican que métodos como usar agentes antitranspirantes (cloruro de aluminio), reducen la aparición de ampollas, pero tienen un efecto secundario, como la irritación cutánea. También es importante el uso de calzado adecuado, suelas de neopreno, calcetines de poliéster y una correcta

Figura 1. Cavidad superficial circunscrita con contenido hemático en la zona plantar del pie derecho.

colocación de los calcetines. Hay que mantener la piel seca y libre de irritantes. El tratamiento de las ampollas hay que comenzarlo mediante un drenaje estéril de la zona, dejando el techo de la ampolla intacto, si es posible, para que sirva de protección. Ayuda a aliviar el dolor y protege del riesgo de superinfección. Se pueden aplicar rodetes para minimizar el traumatismo adicional. Si la cubierta de la ampolla está total o parcialmente destruida, habrá que considerarla como una herida abierta. Se aplicarán antisépticos y vendajes, y se ha comprobado que la presión de la zona es beneficiosa. Es esencial el tratamiento temprano para prevenir el desarrollo de impétigo secundario, con posible celulitis y sepsis. Si se desarrolla impétigo es necesario un tratamiento antibiótico adecuado2,3. N. Vicente-Tiernoa y R. Jiménez-Garcíab aMIR bFEA

de Familia. Centro de Salud La Victoria. Área Oeste. Valladolid. Dermatología. Hospital Río Hortega. Área Oeste. Valladolid. España.

Bibliografía 1. Fernández López P. Piel y deporte. Madrid: Just in Time; 2004. 2. Ferrándiz C. Lesiones cutáneas de origen mecánico en la práctica deportiva. Monogr Dermatol. 1999;12:227-35. 3. Knapik JJ, Reynolds KL, Duplantis KL, Jones BH. Friction blisters. Pathophysiology, prevention and treatment. Sports Med. 1995;20:136-47. 4. Mascaró JM Jr. Other vesicobullous diseases. En: Bolognia JL, Jorizzo JL, Rapini RP, editors. Dermatology. St Louis: Mosby; 2003. p. 503-8. 5. Ochiai T, Morishima T, Hao T, Takayama A. Bullous amyloidosis: the mechanism of blister formation revealed by electron microscopy. J Cutan Pathol. 2001;28:407-11. 6. Vogt T, Brunnberg S, Hohenleutner U, Landthaler M. Bullous malignant melanoma: an unusual differential diagnosis of a hemorrhagic friction blister. Drematol Surg. 2003;29:102-4. FMC. 2006;13(1):55-8

55