Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el sistema Camino

Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el sistema Camino

Cartas al Editor Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el sis...

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Cartas al Editor Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el sistema Camino M. Gelabert González Servicio de Neurocirugía. Hospital Clínico de Santiago. Universidad de Santiago de Compostela

Sr. Director: he leído con gran interés el trabajo publicado recientemente en Neurocirugía: "Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el sistema Camino" de Martínez-Mañas et al.' En nuestro Servicio utilizamos el sistema de fibra óptica Camino desde el año 1992 recogiendo las incidencias de cada caso en una base de datos. Recientemente hemos monitorizados al paciente número 500 motivo por el cual realizamos una revisión de los casos para presentar en la X Reunión de la Sociedad Portuguesa de Neurocirugía. Dadas las similitudes de los datos aportados por los autores y los nuestros, nos gustaría presentarlas y hacer algún comentario. Duración de la monitorización: en nuestros pacientes la monitorización se realizó entre 8 y 370 horas (l a 15 días) con una media de 170 horas (7 días); siendo de 211 horas en los sensores intraparenquimatosos y de 128 en los intraventriculares. En el trabaj9 comentado la duración de la monitorización fue ligeramente superior con pacientes que llegaron hasta los 20 días con una media de 5,17. Nosotros somos partidarios de retirar cuanto antes los sensores, sobre todo los ventriculares para reducir en lo posible las complicaciones infecciosas y excepcionalmente este período es superior a las 2 semanas. Patologías: el 63.5% de los pacientes monitorizados habían sufrido un traumatismo craneoencefálico grave, porcentaje que en nuestra serie alcanza el 70% de los casos, apareciendo en segundo lugar las lesiones hemorrágicas intraparenquimatosas que suponen -el 19% de los casos, porcentaje igual en nuestra serie. Número de sensores: en el 85.7% de los pacientes implantaron un solo sensor (92% en nuestra casuística) siendo los principales motivos del cambio similares en ambas series como el deterioro del sensor por mala manipulación o por realizar una nueva intervención quirúrgica. Complicaciones: las hemorragias intracraneales derivadas de la implantación percutánea del sensor que para los autores suponen 4 casos (1.6%) fueron 5 (1 %) en nuestros pacientes con 3 casos de hemorragia intraparenquimatosa y 2 hematomas epidurales. Neurocirugía 2000; 11: 68-68. 68

El aspecto más importante en nuestra opinión es el de las infecciones relacionadas con los sensores y que son difíciles de evaluar al tratarse de pacientes polimonitorizados, con múltiples infecciones sistémicas, que han sido sometidos a intervenciones neuroquüúrgicas y presentan fístulas de líquido como consecuencia de traumatismos abiertos, lo que dificulta su evaluación y sobre todo al intentar relacionar infecciónintracraneal con la fibra óptica. Además la mayoría de los pacientes recibían algún tipo de tratamiento antibiótico. En nuestra serie no se realizó de manera sistemática cultivo de los sensores retirados y sólo hemos considerado como infectados aquellos casos en los que había evidencia analítica (lcr) de infección, que ocurrió en 12 casos de sensor intraventricular (8%) todos ellos instalados durante más de 4 días. No hemos tenido ningún caso de empiema subdural o absceso cerebral atribuido a la monitorización. El reciente metaanálisis de Prabhu et al.' sobre el empleo de antibióticos en pacientes con diferentes catéteres intracraneales concluye sin reconocer la utilidad de éstos y que serían necesarios estudios prospectivos randomizados para reconocer su indicación. Finalmente estamos de acuerdo con los autores en la facilidad de colocación, alta sensibilidad y seguridad del sistema de monitorización, que lo hacen imprescindible para un correcto tratamiento de pacientes con hipertensión intracraneal. Entre sus principales inconvenientes debemos incluir su coste económico, la imposibilidad de recalibrarlos una vez colocados manteniendo las condiciones de esterilidad requeridas, y la dificultad de fijarlos adecuadamente al cráneo en niños de corta edad. Bibliografía 1. Martínez-Mañas, R.M., Ferrer, E., Oarcía-Amorena, C. Experiencia clínica con la monitorización de la presión intracraneal. Estudio retrospectivo de 239 pacientes monitorizados con el Sistema Camino. Neurocirugía 1999; 10: 291-296. 2. Prabhu, V.C., Kaufman, B.H., Voelker, J.L., Aronoff, S.c., Niewiadomska-Bugaj, M., Mascaro, S., Hobbs, O.R.: Prophylactic antibiotics with intracranial pressure monitors and external ventricular drains: A review of the evidence. Surg Neuro11999; 52: 226-237.